El Día del Padre es una ocasión especial para celebrar el papel fundamental de los progenitores en la vida de sus hijos. Sin embargo, esta fecha también nos invita a reflexionar sobre la corresponsabilidad parental, especialmente en casos de separación o divorcio. Garantizar que ambos padres participen activamente en la crianza es esencial para el bienestar emocional de los menores.

Cada vez son más los padres que se implican de manera activa en la crianza de sus hijos, y aunque siguen siendo las progenitoras quienes asumen en mayor medida las cargas de cuidado de la familia y el hogar, son cada vez más los hogares donde la distribución de responsabilidades es cada vez más equitativa. En estos casos, cuando se produce una ruptura, la corresponsabilidad se torna crucial para garantizar el bienestar emocional y psicológico de los menores.

La importancia de la corresponsabilidad desde el nacimiento

Desde el momento en que un hijo nace, la responsabilidad de su crianza debe recaer en ambos progenitores. La corresponsabilidad parental implica una participación equitativa en tareas diarias como:

  • Cambiar los pañales.
  • Preparar las comidas.
  • Acompañar al colegio.
  • Decidir sobre su educación y salud.

Cuando esta responsabilidad se asume desde el inicio, este equilibrio no solo favorece el desarrollo del menor, sino que también fortalece el vínculo afectivo con ambos padres, generando un entorno de apoyo y seguridad emocional para el niño.

Corresponsabilidad tras la ruptura: un desafío necesario

Cuando una pareja decide separarse, la dinámica familiar cambia drásticamente. En este contexto, es fundamental que ambos progenitores mantengan su compromiso y responsabilidad hacia sus hijos. La corresponsabilidad parental tras una ruptura no solo es un derecho de los padres, sino, sobre todo, una necesidad para el bienestar de los menores.

A menudo se nos ha transmitido la idea de que la corresponsabilidad parental solo puede lograrse a través de una custodia compartida, pero la realidad es que esto no siempre es posible. Existen muchas circunstancias, como horarios de trabajo complicados, distancias grandes entre los domicilios o necesidades especiales de los hijos, que hacen que la custodia compartida no sea viable. En esos casos, optar por una custodia individual puede ser una solución más adecuada. Lo importante es que, independientemente de la modalidad de custodia, ambos progenitores sigan comprometidos con el bienestar de los niños.

Y es que, aunque no haya una custodia compartida, eso no significa que uno de los progenitores deba quedar fuera de la vida de sus hijos. Pueden seguir corresponsabilizándose, de manera diferente, pero de forma activa. Ambos pueden estar al tanto de su evolución escolar, de sus tareas, de las visitas médicas, de lo que les preocupa. En esos casos es fundamental que ambos padres sigan presentes, a través de visitas amplias, llamadas o videollamadas diarias. Lo importante es que los niños sientan que sus padres están ahí, comprometidos con su desarrollo, aunque la convivencia diaria haya cambiado.

El impacto emocional en los hijos

Cuando uno de los padres no cumple con sus responsabilidades, los niños pueden experimentar:

  • Sentimientos de abandono.
  • Ansiedad y tristeza.
  • Dificultades en su autoestima.
 

Es esencial que, incluso tras la separación, ambos padres se mantengan presentes y activos en la vida de sus hijos, garantizando una estabilidad emocional que les permita afrontar los cambios de manera saludable.

Un caso real: la angustia de una madre en el Día del Padre

Las decisiones sobre la custodia y visitas deben tomarse pensando en los niños, pero a menudo se priorizan intereses personales. Un ejemplo claro es el de una clienta que me llamó angustiada la víspera del Día del Padre

Su todavía marido,  ni siquiera había confirmado si recogería a sus hijas al día siguiente para celebrar el Día del Padre.

Eran las siete de la tarde del 18 de marzo, ella seguía sin noticia alguna. Me trasladaba que por un lado, pensaba que si no venía, sería mejor para ella, pues podría estar con sus hijas durante toda la jornada; una vez dicho esto y acto seguido rompió a llorar.  Le dolía profundamente que sus hijas se entristecieran si su padre no venía. Ellas, con toda la ilusión del mundo, le habían preparado un regalo. Ver la dejadez con la que el padre afrontaba su papel le resultaba doloroso, especialmente porque su actitud no la afectaba solo a ella, sino que perjudicaba directamente a sus hijas.

Situaciones como esta reflejan la importancia de la corresponsabilidad de ambos progenitores también tras el divorcio. No se trata solo de reclamar derechos, sino de asumir responsabilidades reales, especialmente tras una separación, para evitar que los hijos sufran las consecuencias. Un niño no debería sentirse rechazado o abandonado por la falta de compromiso de uno de sus padres. Porque la paternidad no es un rol intermitente ni un derecho que se ejerce solo cuando conviene: es una responsabilidad permanente que debe estar por encima de cualquier conflicto entre adultos.

Conclusión

La corresponsabilidad parental es fundamental desde el nacimiento de los hijos y se torna aún más crucial tras una separación. Garantizar que ambos progenitores participen activamente en la vida de sus hijos es esencial para su desarrollo y bienestar emocional. La comunicación, el respeto y la mediación son herramientas clave para lograr una corresponsabilidad efectiva que beneficie a toda la familia.

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